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sexta-feira, 18 de março de 2011

La opción de Dios por los más pobres: los encarcelados.

P. Jesús García Martínez, O. de M.
Capellán C.N. Maracaibo.


Si como ya ha quedado claro, la revelación de Dios es siempre mediante acciones históricas-liberadoras en favor del pueblo; deberíamos de añadir que la parcialidad para con los más débiles socialmente es una constante del Dios bíblico; “la causa de Yahvé es la causa de los hombres indefensos sin más” (6). También, la resurrección de Jesucristo surge como una acción liberadora, “Dios es aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos” [Rom 4,24] -por lo que resucita al preso de su ‘muerte integral’: muerte física, psíquica, social y espiritual-; y que apuntala la resurrección final de todos los muertos, de modo que Dios será todo en todos” [1 Cor 15,28]. Superando dialécticamente la historia del sufrimiento humano con la historia de la esperanza liberadora, que coloca a cada uno en su verdadero lugar.
La presencia y revelación de Dios significa siempre una reacción al dolor de las personas. Ésta se puede interpretar como expresión histórica de misericordia por parte de Dios; es el llamado “principio misericordia” (7). El cual se sitúa más allá del mero voluntarismo emotivo sin más. Por lo que, y desde una perspectiva histórico-salvífica, es conveniente señalar que en el principio estaba la misericordia hacia las víctimas, la liberación de su dolor [Ex 3]. Dicho “principio de misericordia” no sólo aparece de forma concreta en algún acontecimiento destacado; sino que esta dinámica liberadora permanece de forma estructural en las acciones históricas de la revelación de Dios.

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